El
squatt kaäzaä es un lugar extraño, donde acontecen cosas
extrañas, o por lo menos en su momento parecen extrañas
Como aquel día en que me desperté temprano y cuando fui al
baño a mear descubrí una excursión de chicas de 15
años que se escaparon de la escuela especialmente para conocer
" la casa de los punks".
Una noche de miércoles con lluvia, sin absolutamente nada mejor para
hacer que dormir y olvidar lo decadente de nuestras vidas, aparecieron tres
lindas chicas preguntando tímidamente si podían entrar a dar
una ojeada al kaäzaä. Al darse cuenta que podían, invitaron
dos imbéciles que estaban con ellas (el primo de una, más
su estúpido amigo). Después, como si esto fuera poco, se sumaron
tres viejos borrachos, que ellas conocieron en el camino cuando fueron a
comprar pinga!. Lo peor fue que, uno de estos viejos agarró la guitarra
y empezó a cantar todo tipo de incoherencias, haciendo con ella cualquier
cosa menos, tocarla adecuadamente. Y su compañero, todavía
más borracho, se hacía el "presentador" intentando
convencernos de que su amigo tocaba bien
Ni hablar del primo de las chicas y su estúpido amigo que no paraban
de decir:
- ¡Nosotros también somos re-locos! (insistiendo a cada rato
con que, "si teníamos crack/cocaína o marihuana",
afirmando que ellos siempre tenían algo encima, pero en ese momento
se les había acabado). De cualquier manera, no parábamos de
preguntarnos, por qué no los echábamos a las patadas, por
qué sin exagerar, a cada minuto sumaban puntos para recibir un re-acomodamiento
de ideas!
- Somos punks, pero tenemos nuestros principios , fue la frase que
les demostró que estaban en el lugar errado.
Era otra noche de esas donde todo indicaba que lo mejor que podíamos
hacer era dormir de una vez! Estábamos reunidos en la sala, algunos
dibujaban, otros hacían artesanías, tocaban la guitarra y
hacían otras actividades que enriquecen la cultura punk. Cuando uno
de los presentes comenzó a gritar:
- ¿Porque me miran? Detesto que me miren, detesto, detesto!...
Como nadie lo estaba mirando, cada cual continúo con lo suyo ignorando
por completo la reacción de este individuo. No pasó ni media
hora que empezó a gritar de nuevo, sólo que esta vez me miraba
a mí fijo y ya quedaba claro que el problema era conmigo
Tengo que aclarar que en ese momento había muchas palabras y expresiones
del portugués que no entendía directo, pero enseguida interpretaba
la idea de lo que me estaban diciendo. El resto de los presentes me aconsejaban
no darle importancia, ya que él es medio loco, "ya está
22", decían los otros.
Las aguas se calmaron y finalmente fuimos a dormir. El "22" (como
lo vamos a llamar de aquí en adelante) se asume como hippie punk
o hippie anarquista, aunque su imagen es completamente hippie, con el detalle
a destacar de tener el rostro siempre pintado de distintos colores (¿!).
Lamentablemente, "22" empezó a gritar todo tipo de giladas
contra mí, mientras intentaba dormir en la biblioteca (una pared
de madera de 2 cm. de espesor divide la sala de la biblioteca, por lo tanto
todo lo que se diga en la sala se escucha perfectamente del otro lado).
Confieso que en un principio me causaba gracia la situación, me reía
por dentro, con el pasar de las horas, "22" se convirtió
en mi peor pesadilla!! No paraba de gritar cosas como: "¿Quién
es este punkito de mierda? El no es punk! Es un metalero que se cortó
los cabellos y ahora dice que es punk (¡!?); quiero que llames a tus
padres en Argentina y les digas que me tenés que dar R$ 1000 (reales,
la moneda de Brasil) y un pasaporte porque YO SOY LUCIFER! LU-CI-FER!! Y
te voy a matar, mañana te voy a matar, como ya maté al PAPA
en el vaticano ( ) ahora no, porque yo respeto la casa de los punks,
pero mañana si te cruzo en la calle no respondo por mí, soy
lucifer y te voy a matar."
No sabía como reaccionar a todo esto, las opciones eran: vestirme
de nuevo y quebrarlo, pero como ya eran las 4 de la mañana, una pelea
a esa hora despertaría a todos y dejaría un clima tenso en
el lugar o; esperar a que se canse y pare de gritar. Optuve por la segunda
opción, pero estuve hasta las 6 de la mañana pensando que,
la primera hubiese sido lo mejor!.
"22" comenzó a descargar su odio contra un oso de peluche
gigante, al que bautizó "osito de la patagonia" (según
él se parecía a mí), dándole unos palazos con
una madera en forma de espada que él mismo había fabricado.
(Hay que admitir que tenía habilidades con las artesanías )
Por momentos pasaba su "espada" por la pared de la biblioteca,
diciendo que en cualquier momento entraba y me mataba y que si quería
podía salir con mis "borceguitos" para luchar con él,
que estaba descalzo, pero tenía su espada!.
Ya estaba amaneciendo y finalmente "22" se durmió, pero
como él mismo dijo, si una noche duerme bien, después puede
pasar 3 o 4 días despierto! (infelizmente para todos los que estábamos
en la kaäzaä, él había dormido 15 horas el día
anterior).
Entonces, a las 8 de la mañana comenzó su show otra vez
- Soy lucifer y voy a matar al osito de la patagonia, quiero mi pasaporte,
ese punkito de mierda vino de la Argentina especialmente para matar a mi
hijo (¡?).
Esta vez no sólo gritaba en la sala, sino que iba andando de una
punta a la otra del squatt para quedarse finalmente en el patio, donde agarró
la guitarra y empezó una canción de 2 notas que duró
más de una hora sin interrupción (la letra estaba improvisada
y trataba de la Ayahuasca, o de cómo iba a matar al osito de la patagonia).
Después de dos horas de gritos, palazos, música y más
gritos, decidió callarse
Fui al baño y al ver que no podría volver a dormir, decidí
salir de ese infierno situado en el barrio de Boqueirâo.
Más tarde, cuando me encontré con los otros que habían
presenciado el show de Lucifer, decían que no reaccionara violentamente
contra él porque "22" ya estaba loco de tanto cucumelo
que bebió y que tampoco tomara en serio nada de lo que decía
No estaba muy convencido de no darle sus merecidos golpes, sobre todo considerando
que no había podido dormir más de tres horas de corrido y
que tuve que escuchar todo tipo de agresiones por nada, pero hice una excepción
Al otro día, encontré a "22" y me dio la mano serio,
como esperando algo malo de mí, pero como, estaba medio apurado yendo
a un show al cual entraría gratis si llegaba rápido, lo saludé
como si nada pasara.
Al día siguiente, "22" aparece nuevamente y me dice:
- Discúlpame osito de la patagonia, ya sabés que estoy loco,
que a veces digo cualquier cosa, no tomes en serio las estupideces que digo
Al ver que "22" a pesar de haberme amenazado de muerte dos días
antes, se había arrepentido, no le guardé remordimientos y
le dije "sí, ya me dijeron que estás loco, que no tome
en cuenta lo que decís, no hay problema ."
E assim foi outra historia para O punk e seus derivados- historias da vida
real, narradas por seus protagonistas